Redefiniendo la Productividad: Más allá de la Horas y el Dinero

junio 11, 2023

Productividad

La Equidad en la Valoración del Trabajo

Vivimos en una sociedad donde el tiempo es dinero. Esta máxima se ha convertido en la norma que rige nuestro mundo laboral. Empresas y profesionales cuantifican la valía del trabajo en función del tiempo invertido, haciendo del reloj el árbitro de la remuneración. Pero, ¿es realmente justo este sistema? ¿Ofrece una representación precisa de la eficiencia y la productividad del trabajador? Y, lo que es más importante, ¿estamos desincentivando la eficiencia al penalizar a aquellos que pueden hacer el trabajo en menos tiempo?

Consideremos el caso de una empresa de desarrollo de software. El cliente contrata a un equipo para que diseñe y desarrolle una nueva aplicación, y se acuerda un precio basado en el tiempo que se espera que lleve el trabajo. Pero, ¿Qué pasa si un desarrollador veterano puede hacer el trabajo en la mitad de tiempo que su colega con menos experiencia? ¿Debería ser penalizado por su eficiencia, recibiendo menos remuneración por un trabajo de igual (o incluso superior) calidad?

Este modelo de valoración del trabajo basado en el tiempo no solo es injusto, sino que también puede ser contraproducente. Puede desincentivar la implicación y la innovación, ya que los trabajadores que son capaces de completar las tareas de manera más rápida y efectiva pueden verse penalizados por ser mejores o estar mejor preparados.

En nuestra búsqueda de justicia y equidad en el lugar de trabajo, es fundamental cuestionar y reevaluar estas normas aceptadas. Queremos abogar por un cambio en la forma en que valoramos y remuneramos el trabajo, una revisión que priorice la eficiencia y la rentabilidad del trabajador en lugar del mero tiempo invertido. Porque, después de todo, en un mundo donde el tiempo es dinero, deberíamos valorar a aquellos que pueden hacer más con menos.

La cantidad de horas que un individuo pasa trabajando se considera a menudo un indicador de su dedicación, compromiso y, por supuesto, el valor de su trabajo. Sin embargo, este sistema de valoración puede ser una visión simplista, y a menudo injusta, de cómo se debería recompensar el trabajo. Este enfoque centenario puede ignorar una dimensión crucial: que una persona requiera menos tiempo para realizar una tarea no la convierte en menos valorable, sino todo lo contrario.

Es evidente que no todos los puestos de trabajo pueden medirse en función de su eficiencia. Aquellos que requieren interacción con el público, como los servicios de atención al cliente, o los que están ligados a horarios específicos de apertura, tienen una estructura de trabajo que requiere la presencia física durante un determinado período de tiempo. Sin embargo, en el creciente número de puestos de trabajo que ofrecen flexibilidad horaria, especialmente con el auge del teletrabajo, la insistencia en medir el valor del trabajo únicamente en términos de tiempo parece cada vez más obsoleta.

Este artículo invita a repensar y desafiar esta tradicional correlación entre tiempo y dinero en el mundo laboral. Bajo nuestro punto de vista, se debería hacer una reevaluación que priorice la eficiencia, la productividad y la rentabilidad real del trabajador, más que las horas pasadas frente a la pantalla del ordenador. En una era donde el trabajo a distancia se está convirtiendo en la norma, debemos esforzarnos por valorar y recompensar a aquellos que son capaces de hacer más, y mejor, con menos tiempo.

La Ilusión del Tiempo y el Desafío de la Eficacia

Durante mucho tiempo, el tiempo ha sido una medida universalmente aceptada para tarificar el trabajo. Nos encontramos con ella en todas partes, desde los abogados que facturan por horas de consultoría, hasta los trabajadores de la construcción que cobran por horas trabajadas. Pero, ¿es realmente el tiempo una medida de valor? ¿Es justo que alguien que puede realizar el trabajo de manera más eficiente y rápida reciba menos remuneración simplemente porque invirtió menos tiempo?

El psicólogo e investigador de Stanford, Philip Zimbardo, sugiere en su libro «La Paradoja del Tiempo» que nuestra percepción del tiempo puede ser engañosa y está lejos de ser un indicador fiable de cómo valoramos nuestras actividades. De hecho, señala que nuestra obsesión con el tiempo puede ser contraproducente, resultando en estrés, insatisfacción y menor productividad.

Sigamos con la empresa que mencionamos más arriba. En esta empresa, el diseñador A pasa 10 horas creando un software, mientras que el diseñador B, más experimentado y eficiente, completa el mismo trabajo en 5 horas. Ambos diseñadores han cumplido la tarea, pero si se les paga a razón de sus horas trabajadas, el diseñador A recibiría el doble de remuneración que el diseñador B. Esta situación penaliza a los trabajadores más eficientes, al mismo tiempo que incentiva la ineficiencia.

En esta era de teletrabajo y horarios flexibles, la ecuación de tiempo igual a dinero es aún más cuestionable. Con la eliminación de la necesidad de trabajar en un lugar específico durante un horario específico, la medida del valor del trabajo basada en el tiempo puede ser una reliquia del pasado. Necesitamos nuevas formas de valorar y recompensar el trabajo que reflejen la realidad de las formas de trabajo contemporáneas y respeten la eficiencia y la efectividad del trabajador.

El Engaño del Tiempo Rentable

Más allá de penalizar la eficiencia, la tarificación del trabajo basada en horas puede abrir la puerta a la falsedad y a la manipulación de los tiempos. En su búsqueda por maximizar las ganancias, algunas personas pueden verse tentadas a «inflar» el número de horas trabajadas. Un encargo que podría llevar tres horas podría convertirse misteriosamente en un trabajo de seis horas. Y en muchos casos, es difícil para el cliente disputar estas cifras, especialmente en industrias donde el trabajo es intangible o difícil de cuantificar, como en los servicios legales, de consultoría, o el desarrollo de software.

Además, esta práctica no solo daña la relación con el cliente, sino que también puede desincentivar la productividad y la innovación. Si los empleados saben que su remuneración se basa únicamente en la cantidad de tiempo que pasan en una tarea, ¿Qué motivación tienen para buscar maneras más rápidas y eficientes de hacer el trabajo?

Por ejemplo, si un programador descubre una herramienta que puede automatizar parte de su trabajo, y con ello reducir a la mitad el tiempo que le toma completar una tarea, ¿estaría dispuesto a utilizarla si eso significa que su remuneración se reduciría a la mitad?

Este paradigma del tiempo igual a dinero puede incluso llevar a empresas y profesionales a inflar artificialmente sus presupuestos, incluyendo «tiempo de seguridad» adicional o tareas innecesarias, para asegurar una remuneración mayor. Esto no solo es engañoso, sino que puede llevar a trabajos innecesariamente prolongados, atrasos, y a costes inflados para el cliente.

Aunque la tarificación por horas puede parecer una forma simple y transparente de cobrar por el trabajo, a menudo puede resultar en un incentivo para generar presupuestos que no están basados en la realidad. Esto plantea la cuestión: ¿existe una forma más justa y eficaz de valorar el trabajo?

La Rentabilidad del Trabajador

Frente a la tarificación por horas, emerge una alternativa más justa y beneficiosa para todas las partes involucradas: la rentabilidad del trabajador. Esta métrica mide no cuánto tiempo se emplea en un trabajo, sino el valor o resultado que se produce en ese tiempo. Es una métrica que premia la eficiencia, la habilidad y la creatividad, en lugar de la simple cantidad de tiempo invertido.

Considera un diseñador gráfico que puede producir un diseño de alta calidad en dos horas, mientras que otro diseñador puede necesitar cuatro horas para producir un trabajo de calidad similar. Bajo el modelo de tarificación por horas, el segundo diseñador recibiría el doble de remuneración, a pesar de que el resultado final — el valor producido — es el mismo. ¿Es esto justo para el primer diseñador, que ha invertido tiempo y esfuerzo en desarrollar sus habilidades?

Por otro lado, si se mide y se remunera el trabajo basándose en la rentabilidad del trabajador, ambos diseñadores recibirían la misma remuneración por producir el mismo valor, independientemente del tiempo que les tomara hacerlo. Este modelo incentiva a los trabajadores a mejorar sus habilidades, a buscar formas más eficientes de hacer su trabajo y a adoptar nuevas herramientas y tecnologías que puedan ayudarles a ser más productivos.

La tarificación basada en la rentabilidad puede también resultar en beneficios para los clientes. En lugar de pagar por horas que pueden o no reflejar el verdadero esfuerzo o habilidad necesarios para realizar un trabajo, los clientes pagan por el valor que reciben. Esto puede resultar en costes más predecibles y justos para el cliente, y en una mayor satisfacción con el trabajo realizado.

La rentabilidad del trabajador como métrica de valoración y remuneración del trabajo ofrece un camino hacia un modelo de trabajo más justo y beneficioso para todas las partes involucradas. Es una alternativa que merece una consideración seria en nuestra sociedad cada vez más orientada hacia el teletrabajo y la flexibilidad laboral.

Estar presente no significa ser rentable

Es hora de cambiar la narrativa y abordar una nueva perspectiva que rompe con las convenciones tradicionales de tarificación laboral. Este nuevo enfoque pone el acento en la eficacia y la rentabilidad del trabajador, en lugar de cuántas horas ha estado presente o conectado.

Empresas pioneras en este cambio ya están dando pasos para desafiar el antiguo paradigma. Empresas como Buffer, Basecamp y GitLab, se han desviado de la norma convencional y han adoptado una filosofía de trabajo basada en resultados. Este enfoque, también conocido como ROWE (Results-Only Work Environment), valora la productividad y la eficacia en lugar de la presencia física o virtual.

Adoptar este nuevo enfoque no sólo implica un cambio en la mentalidad empresarial, sino también la adopción de herramientas y tecnologías que permitan un seguimiento preciso de la rentabilidad y la productividad del trabajador. Herramientas de gestión de proyectos y tareas, análisis de productividad, y tecnologías de colaboración online pueden jugar un papel crucial en esta transición.

Por supuesto, este nuevo enfoque debe implementarse con cuidado y respeto por los derechos y el bienestar del trabajador. La medición de la rentabilidad nunca debe convertirse en un medio para ejercer una presión excesiva o para establecer expectativas irrazonables. Al contrario, debe ser un instrumento para reconocer y recompensar la habilidad, la eficiencia y la creatividad del trabajador, y para fomentar un entorno de trabajo más justo y equitativo.

Quien escribe estas líneas tiene un ratio de productividad alto debido a la formación y experiencia adquiridas en años pasados. Esto, que se convierte en una ventaja competitiva y satisface a los clientes, se ve degradado al presupuestar la consecución de objetivos en contrapunto con el tiempo empleado.

Nosotros, trabajamos un modelo de producción. Es decir, tarificamos proyectos sin considerar el tiempo que nos lleve realizarlos. Se han dado casos en los que ha resultado rentable y otros en los que, por causas de complejidad, nos ha salido a perder. La «magia» está en encontrar el balance adecuado y compensar tiempos con pautas que mejoren la eficacia de los proyectos. Y si, está claro que no hay un formato que sea perfecto y funcione para todos los casos, pero desde luego, lo que si sabemos es que el modelo actual de penalización de experiencia por tiempo consumido no es para nada justo.

hacer el futuro rentable

Es obvio que estamos llegando a un punto de inflexión en la cultura laboral. Las prácticas tradicionales de tarificar el trabajo por el tiempo invertido se están quedando obsoletas y pueden incluso estar impidiendo el verdadero potencial de las personas y las empresas. Sin embargo, cambiar una mentalidad tan arraigada no es tarea fácil y requiere de un compromiso sincero por parte de todos los actores implicados.

Entonces, ¿Cuál podría ser una solución factible para este dilema? Como hemos dicho, proponemos una estrategia de remuneración basada en la rentabilidad y la eficiencia. En lugar de pagar a los empleados por las horas que pasan en la oficina, las empresas podrían implementar un sistema que recompense los resultados y la calidad del trabajo.

Alzamos la voz no para despreciar la medición del tiempo en los trabajos, sino para invitar a un replanteamiento de cómo consideramos el valor del trabajo. En el núcleo de este debate yace la cuestión de justicia, eficiencia y reconocimiento del mérito laboral.

No hablamos de algo inaudito, es un modelo que se usa fuera de nuestras fronteras. Un enfoque basado en resultados y rendimiento, no es un concepto completamente novedoso. Netflix y Google, ya están experimentando con este tipo de estructuras, priorizando la productividad y la calidad sobre el tiempo físicamente pasado en el puesto de trabajo.

Este replanteamiento tiene el potencial de fomentar un ambiente laboral más dinámico, justo y más gratificante para todos. Los empleados se sienten más valorados y motivados, lo que a su vez lleva a una mayor productividad.

Por lo tanto, el mensaje que debemos transmitir no es que debamos eliminar el reloj por completo, sino que necesitamos repensar cómo lo usamos para valorar el trabajo. La rentabilidad del trabajador, medida en términos de eficiencia y calidad, debe ser la base para una remuneración justa. Esto no es una mera opción, es una necesidad emergente en nuestra sociedad laboral del siglo XXI. Es hora de romper los grilletes del tiempo y adoptar un enfoque que refleje de manera más precisa y justa el valor real del trabajo.

Si queremos prosperar en el mundo laboral del siglo XXI, debemos estar dispuestos a desafiar las normas establecidas y abrazar nuevos enfoques. Nosotros por nuestra parte, sólo podemos dejaros con una reflexión de Robert Kiyosaki, el autor de «Padre rico, padre pobre» que dice: «Lo que te hace rico no es el tiempo que inviertes trabajando, sino el valor que produces durante ese tiempo.»

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